Nada es casualidad…

Vivimos tiempos de grandes cambios y avances sociales. Es innegable y evidente en amplios sectores de nuestra vida cotidiana. Cambios que surgen y se extienden en virtud de aquellas circunstancias y fenómenos que, por su novedad o acentuación en esta nueva centuria, los han provocado.

La globalización, tanto cultural como económica, el acceso mucho más ágil a la comunicación e información, la evidencia global del cambio climático, etc. han acelerado un motor que siempre ha sido determinante en la evolución sociocultural de los hombres, a lo largo de la historia.

Anteriores fenómenos comparables a éste dieron como fruto las conocidas épocas del Renacimiento o la Ilustración, en el que tras el adormecimiento de la humanidad en la oscura Edad Media o en la dogmática Edad Moderna supusieron un impulso determinante en el progreso de la misma. En ambas se produjo una evolución global tanto del pensamiento como de determinados comportamientos sociales, de manera que conformaron gran parte de los característicos principios que han dado como fruto la sociedad que hoy todos conocemos.

Y de igual manera, tras otro oscuro periodo de guerras y luchas de clase en el pasado siglo XX, surge este nuevo impulso evolutivo cuyo nombre, no seré yo quien se lo ponga, ya se va configurando a causa de la entrada en una nueva “Era” temporal de nuestro querido planeta Tierra al situarse recientemente en el área de influencia de la costelación de Acuario.

Este tiempo actual, que lentamente va tomando forma, podría caracterizarse por el siglo del «desarrollo consciente de la sociedad» en paralelo a la concepción mística de esta nueva Era de Acuario, incidiendo especialmente en el ámbito personal y en la responsabilidad de la acción individual en la conjunción armónica de toda la humanidad hacia el bien común. Entendiendo esta vez «el bien común» como un ente que va más allá de los estrechos márgenes de un pueblo, una región o país, como sucedía en el pasado. Pues asumiendo las evidentes interrelaciones existentes entre todas las regiones de nuestro planeta entre sí, parece que finalmente entendemos nuestro hábitat mundial como una estructura vital única, tomando cuerpo la conocida Hipótesis de Gaia de James Lovelock y Lynn Margulis, la cual afirma que el Planeta Tierra en su totalidad, incluyendo seres vivos, océanos, rocas y atmósfera, funciona como un super-organismo que modifica activamente su composición interna para asegurar su supervivencia.

Al menos ciertos sucesos recientes parecen confirmarlo sutilmente si consideramos el impacto que ha supuesto en nuestros hábitos, forma de vida y consumo la reciente pandemia vírica mundial, la actual guerra Ruso-Ucraniana o los cada vez más evidentes, efectos del cambio climático. Pues en estos casos, la sociedad afectada va más allá de las estrechas esferas de un país o continente de manera cada vez más innegable, gracias al determinante avance en las comunicaciones a nivel mundial, sea éstas de carácter físico o digital, por supuesto, o la cada vez más estrecha interdependencia tanto energética como económica. De hecho, nuestro mundo se nos hace cada vez más pequeño, y muy posiblemente, en un futuro próximo, estas fronteras vayan en camino de quedar tan disueltas como el azúcar en un café.

Y ante semejante deriva, entre la confusión que provocan unos cambios forzados que muestran una realidad inestable y donde todo el status supuestamente inmutable, se desmorona como un castillo de naipes, surge nuestra capacidad adaptativa y una reflexión profunda de numerosas personas, las cuales plantean nuevos escenarios y aprendizajes para superar con éxito esta nueva realidad. Es en esta revuelta matriz donde se cuecen toda una efervescente caterva de acciones y reacciones. Unas hacia un progreso evolutivo de la nueva humanidad, las cuales se hacen presentes en formas de movimientos sociales cada vez más masivos, que van desde simplemente una nueva proposición alimenticia como el vegetarianismo-veganismo, a otras mucho más complejas de tipo místico-espiritual como el yoga, budismo, mindfulness, etc. Y en sentido contrario otras, como una angustiosa resistencia reaccionaria a estos cambios impuestos, que reivindican la añoranza de un pasado cada vez más lejano de “realidades consideradas inmutables”.

Es en este marco de la realidad donde surge hoy, desde la profundidad más oculta de la cultura hebrea, este aporte de la Kabbalah Yayyaní, para su oportuna reflexión y experiencia personal. Y justamente a través de este blog, procederemos, con mayor o menor acierto, a aportar un elemento más en este marasmo de proposiciones para atender a algunos espíritus inquietos e interesados, y encender frente al confuso caos, una nueva Luz en la conciencia de aquellos cuyos ojos anden perdidos en la oscuridad de la ignorancia.

Vamos allá.

Gali.

Cuando una lámpara se destapa…

He aquí un post de mi buen amigo Peter. Muy apropiado como primera entrada a este nuevo espacio común… Agradecido.

Peter on Mars

«Cuando una lámpara tapada tanto tiempo, se destapa aunque solo sea ligeramente por una de sus esquinas, puedes esperar cualquier cosa inesperada, sorprendente o hasta inexplicable, porque la luz que mucho tiempo ha estado oculta en la penumbra, sale si cabe, con mas fuerza y magia que todas aquellas que han discurrido libremente y a placer por cualquiera de las diversas estancias de esta azarosa existencia. Y dicen que su fulgor puede llegar a atravesar al mas obtuso de los objetos de la sala donde se encuentra»…

Así resonaban en mi cabeza estas palabras que un día me dijera mi padre, durante todos estos meses en los que mi ocupación principal fue leer y descifrar un libro que el destino de los días puso en mi mano. Y ya que, he de asumirlo, hacía tiempo que no experimentaba semejante nivel de sorpresa, tras pasar por la mía, hoy os lo…

Ver la entrada original 1.339 palabras más